Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

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viernes, 27 de enero de 2017

Paúles del Agua

Para llegar a Paúles desde Quintanilla, tomamos el camino de las Hontanillas, atravesando primero la Cañada Real burgalesa, y a continuación la vía del ferrocarril del directo Burgos-Madrid, que hoy por hoy solo opera convoyes de mercancías para una empresa arandina. Por el camino de concentración vamos dejando atrás numerosos majuelos hasta llegar a la surgencia del arroyo de Valdeámete, que discurre entre junqueras hasta la pequeña localidad de Paúles. No es extraño avistar corzos; tampoco cazadores mal camuflados que usan las tenadas para darse buenos homenajes.


De Paúles del Agua destaca su iglesia parroquial de San Mamés, su fuente medieval, y algunas muestras de conmovedora arquitectura popular, como la foto de debajo. En el Catastro de Ensenada (1752) declaraban medir las tierras de secano en fanegas, y las viñas en obreros, un obrero se componía de 200 cepas. En aquella época vivían en Paúles 13 vecinos (hogares), 4 viudas y 3 habitantes. El vecindario en 1905 según el anuario de Riera se elevaba a la sorprendente cifra de 162 habitantes, un siglo después estamos en 14. 


En este lugar también destaca una poderosa vivienda semiarruinada, decorada con profusión de cruces, y fechada en 1651; pudo pertenecer a algún clérigo o miembro de la Inquisición, en el Catastro se cita a un tal Joseph Salazar, Presbítero residente en la ciudad de Logroño. Esta mansión precisaría un poco más de atención y una urgente puesta en valor. Una noticia del diario satírico El Papamoscas de 6 de marzo de 1898, daba cuenta de que el canto de las marzas de aquel año «se había celebrado a tiro limpio en Paúles, sufriendo más la casa de Santiago Martínez, aunque no hubo desgracias». Sin duda, alguien desafinó un poco más de la cuenta…


Del cercano molino del Berral, tenemos noticia de que estuvo en funcionamiento al menos hasta la postguerra, pues a él acudían con pesados sacos de trigo los vecinos de Iglesiarrubia o Quintanilla de la Mata, casi siempre con silenciosa nocturnidad para evitar las requisas. El catastro cita en este término un «molino harinero del común, situado sobre el Arroyancho, con una rueda. Muele solo nueve meses al año por falta de agua. Pagan los vecinos diez fanegas de pan medido, trigo y cebada, las mismas que si se arrendase». Hoy asistimos desolados a su lenta ruina, ya despojado de su techumbre, con los adobes al aire.


viernes, 20 de enero de 2017

Fuentes en Quintanilla de la Mata

Hoy quizá no apreciamos tanto las fuentes que encontramos en el campo o a las orillas de los caminos como lo hacíamos antes. Las largas jornadas al aire libre, en una economía eminentemente agrícola, como la que conocieron nuestros abuelos, hicieron de las fuentes el mejor aliado para aplacar la sed, pues el agua embotellada no existía como la conocemos ahora –en envases de PVC-, y en su lugar se llevaba la bota de vino o el botijo. Una fuente cerca del campo de labranza evitaba ir aprovisionado de varios litros de vino –o de agua en su defecto-; por eso eran tan apreciadas y se cuidaban con tanto esmero.

Quintanilla no tiene río, pero tiene arroyos (de los que se hablará a continuación), y un manto freático que surte con generosidad todas las fuentes que conocemos, además de las conocidas charcas de San Andrés y de las bodegas, aprovechadas como lavaderos comunales, y que no son más que afloramientos a la superficie de dicho manto freático.


El arroyo Valtrasero, también conocido como Matajudíos, nace en las inmediaciones de Fontioso, en el término de la Jalviguera, a unos 920 metros de altitud. Atraviesa el páramo del Enebral, para transcurrir paralelo a la carretera de Villafruela, donde adquiere el nombre de Arroyo Campanario. Este nombre alude al despoblado, cercano a Villafruela, llamado indistintamente Laguna o Campanario, que ya aparece citado en el Cartulario de San Pedro de Arlanza en el año 1054, y al que se alude a mediados del s. XIX en el diccionario de Madoz como «la ermita en ruinas».


Todavía se aprecian sobre una loma los restos de una edificación de piedra, junto a posibles construcciones en la falda del cerro. El camino de acceso se encuentra perfectamente empedrado, y rodea un pequeño desnivel donde se asienta intermitentemente la laguna que daba nombre al despoblado medieval.

Este modesto arroyo Matajudíos, que llegó a impulsar hasta cinco molinos, va recibiendo las contribuciones de otros cauces de agua, para convertirse en el Río Franco, que contando su primigenia denominación de arroyo Valtrasero o de Matajudíos, recorre 33 kilómetros por las provincias de Burgos y Palencia, desaguando en el Arlanza en el término de Peral. Antes, ha atravesado los términos de Fontioso, Quintanilla, Villafruela, Espinosa de Cerrato, Royuela de Río Franco, Cobos de Cerrato, Hontoria de Río Franco, el despoblado de Quintanilla de Río Franco, la finca Retortillo, hasta desembocar a la altura de Pinilla de Arlanza. En cuanto a su toponimia, parece claro que alude al «río de los Francos», debido tal vez al establecimiento en sus orillas de este pueblo (godos procedentes de Francia), que repoblaron el Cerrato a finales del siglo V, y que acuñaron para la Historia el nombre de Campos Góticos, o más sencillamente, «Tierra de Campos», que es como actualmente se conoce al Cerrato y a las tierras aledañas de Palencia y Valladolid.

Habitantes de aquel y otros arroyos del término municipal eran las deliciosas ratas de agua, que hasta su extinción con la llegada de los plaguicidas, eran cazadas con pequeños cepos, y formaban parte de la escasa dieta de la postguerra. Delibes las libró del olvido en su maravillosa novela Las ratas (1962), de la que se reproduce un diálogo entre Fito Solórzano, el Jefe, y Justito, el Alcalde:
-        ¿Para qué quiere las ratas?
-        Las vende
-        ¿Y quién compra ratas en tu pueblo?
-        La gente. Se las come.
-        ¿Coméis ratas en tu pueblo?
-    Son buenas, Jefe, por éstas. Fritas con una pinta de vinagre son más finas que codornices.
-        ¡Eso no lo puedo tolerar! ¡Eso es un delito contra la Salubridad Pública!
-        En la cuenca todos las comen, Jefe. Y si te pones a ver, ¿no comemos conejos? Una rata es lo mismo, es cuestión de costumbre.

En el resto del término de Quintanilla de la Mata, podemos identificar las siguientes fuentes y surgencias:
-        «La fuente». Emblemático hito del casco urbano, con su escudo de Castilla y el pilón o abrevadero para los machos. La fuente vieja podríamos datarla hacia 1877, que es cuando aparece en el Archivo Provincial el expediente de construcción de una fuente. Posteriormente, en 1894 existe un proyecto de reparación de la fuente, lavadero y abrevadero. En 1913 se reseña un nuevo expediente de conducción de aguas potables y construcción de fuente y abrevadero. Los testimonios de los mayores apuntan a que la fuente vieja se sustituyó por la nueva en aquella época (1913), y se encuentra sepultada a solo unos pasos de la nueva, a los que excavaron los pozos les pagaban con una peseta de jornal, mientras que a los que trabajaban arriba, les pagaban dos reales. La fuente nueva presenta muchas similitudes con la de Villahoz: el escudo de Castilla, las molduras de la pileta, el doble caño de bronce, y hasta el año de ejecución (1911), por lo que podría tratarse del mismo cantero en ambos casos.
La fuente de la plaza se seca periódicamente desde el verano de 2012 tras las obras en la Autovía.



-        «El pozo». Frente a la casa de Agustín Martín, con mecanismo de manivela, disponía de dos pilas. No se secaba nunca, hasta que pasaron la línea del teléfono… Tras la desafortunada remodelación de la plaza, desapareció definitivamente.

-        Manantial de Valdeámete, surgencia en el camino de Paúles, una vez atravesada la línea férrea. Un agua de excelente calidad, que da lugar al llamado «arroyo de Valdelerma», pues se dirige hacia la Villa Ducal.

-      «Fuentecalle». Es un pozo con brocal y varios pilones junto al club de Golf de La Andaya, de camino a Cilleruelo.

-       Manantiales de las charcas de San Andrés. Según la tradición oral, una daba dolor de estómago, y la otra no. Había que andar con cuidado, porque era frecuente encontrarse con sanguijuelas, que atacaban al ganado.

-        Manantiales del Valle, bajo las bodegas. Allí se abreviaban los del monte (de la Andaya), con la burra.

-        «Fuente Mora». En el camino de Lerma, hoy tapada por la autovía de Madrid.

-        «Fuente de los Olmos». En el camino de la Estepilla.

-   «Fuente del Mesquero». En el mismo término que indica su nombre, junto a unos nogales; nunca se ha secado.

-        «Fuente del tío Abilio». Mana en la vera de uno de los caminos que llevan a Rabé. O, al menos, manaba. La dio nombre su descubridor, un burrero, o especie de pastor que conducía el ganado.

-        «Fuente de las Hontanillas». En dicho término, muy cercana  a la vía férrea.

miércoles, 24 de agosto de 2016

La cantera de Santa Centola

Esta cantera, como tantas otras, se nutrió de mano de obra del bando perdedor de la Guerra Civil, utilizándose sus áridos calizos para la obra pública en carreteras, principalmente. Cuando no daba abasto la cantera del Risco de Quintanilla, se utilizaba esta otra, que además se ubicaba junto a la vía férrea del directo Burgos-Madrid por Aranda, que hoy languidece, pues solo cubre el trayecto Aranda-Puerto seco de Villafría, con convoyes de mercancías.



La cantera de Santa Centola, ubicada en el término de Avellanosa de Muñó, justo junto al puente de trazado sinuoso que salva la vía férrea, conserva algunas maltrechas construcciones de la época, tal vez barracones de los presos que debieron trabajar de forma forzada para redimir su pena. Hoy los conejos campan a sus anchas entre los matorrales y los restos del molino de piedra, la vieja cantera se restauró, cubriéndola con escombros, y a unos metros se instaló una moderna explotación de áridos, a la que se accede desde la carretera de Quintanilla a Villafruela, no lejos de un ramal de la Cañada Real Burgalesa, que atraviesa estas tierras boscosas, de encinas y sabinas centenarias.



Junto a un frente de cantera, encontramos una pequeña garita de hormigón, que bien pudo servir de almacén de los explosivos necesarios para extraer la piedra caliza, característica de la zona. Los mejores bloques irían para cantería: la mayoría de las viviendas de Quintanilla, Fontioso, Avellanosa, Iglesiarrubia, son de buena sillería, los yacimientos afloran en toda la comarca, por tanto la extracción es relativamente sencilla, y el mayor trabajo es el desbastado de la piedra, en Quintanilla de la Mata e Iglesiarrubia encontramos herramientas propias de cantería en algunos dinteles de viviendas, una vieja tradición que -salvo para algunos románticos- hoy no tiene ya continuidad.



Santa Centola es una santa muy poco conocida, y suele ir asociada a Santa Elena, pues las reliquias de ambas mártires se custodiaban en el municipio burgalés de Siero, junto a Valdelateja; el topónimo nos deja reminiscencias de un posible santuario o ermita en esta zona. Su onomástica se celebra el día 2 de agosto; al parecer se trasladaron sus restos mortales a la Catedral de Burgos en el año de 1317, aunque las cabezas de las santas se quedaron en Siero, lugar de su probable martirio en la época romana. Por su parte, Santa Elena es venerada no lejos de aquí, en Revilla Cabriada.


miércoles, 27 de enero de 2016

Muerte en los Hondones

16 de julio de 1910: fecha «fatídica» que aún nos recuerda un monolito de piedra caliza con una piadosa cruz inscrita, situado en el centro de un campo de cereal en el pago de los Hondones, dentro de la finca de la Andaya, un lugar que todavía conserva parte de su manto boscoso a pesar de las roturaciones en masa del último siglo; dos tercios de este monte de la Andaya pertenecen a Lerma, mientras una tercera parte entra en el término de Quintanilla de la Mata. La leyenda de piedra reza que en ese mismo lugar fue abatido por arma de fuego el guarda de campo Ramón Balbás Esteban, «traidoramente asesinado. Los dueños de la finca ruegan le encomienden a Dios».


¿Cómo ocurrieron los hechos? No hemos encontrado testimonios escritos en los periódicos de la época, así que nos limitaremos a ofrecer la versión oral de este asesinato. Algún tiempo antes del suceso, un cazador furtivo fue herido de muerte –voluntaria o involuntariamente, lo ignoramos- por el mencionado guarda Ramón Balbás, que se encontraba al servicio del Conde de Lascoiti, dueño entonces de la finca de la Andaya. El título nobiliario de la baronía de la Andaya había sido creado en 1891 durante la minoría de edad del rey Alfonso XIII (uno de los más calamitosos monarcas que ha sufrido este país), a favor de don José Patricio Fernández de Lascoiti y Sancha, a la sazón Licenciado en Derecho y Senador del reino por las provincias de Huesca e Islas Baleares; su madre, la Muy Ilustre Señora Doña Úrsula Sancha y Herrera, marquesa de Sancha, descansa en un noble panteón, en el cementerio de Lerma, se le concedió este marquesado en 1876 (que continuaría en la persona de su hija, Purificación Fernández de Lascoiti). En la baronía de La Andaya, le sucedió el hijo del anterior, don José Fernández de Lascoiti y Jiménez, en 1907 (y hasta 1936). Al parecer, y volviendo a los luctuosos hechos que nos trataban, el conde de Lascoiti protegió al guarda por su acción ante las autoridades judiciales, pero lo que no pudo evitar fue la emboscada en la que cayó éste por venganza de la muerte anterior, y que todavía se recuerda en el monolito.


Según el Servicio de Recuperación de Archivos de la Diputación Provincial, después de Balbás, fueron nombrados guardas particulares jurados del Monte de la Andaya los sres. Justo Obregón Andrés, oriundo de Villalmanzo, en 1913; Emiliano Cabañes Lope, en 1934; Eusebio Barbero Santillán, en 1940; y Marcial Pérez Ortega, en 1954.

El verdadero asesino confesó su fechoría en el lecho de muerte años después, para de esta forma exculpar a cualquier otro inculpado, pues el crimen nunca se llegó a resolver, admitiendo que se debió a una venganza por la muerte de su padre, «no busquéis a un inocente, que he sido yo», debieron ser las últimas palabras del hombre que acabó a sangre fría con Balbás. El suceso tuvo lugar la víspera de la boda en Quintanilla de la señora doña Avelina Mena Rodríguez, que debía dirigirse a la Andaya para comprar unos conejos y unas gallinas, y de este modo obsequiar a los invitados de la ceremonia, por lo que fue interpelada por las autoridades. Ramón Balbás contaba con 60 años de edad, era natural de Villovela de Esgueva, y se hallaba casado con Rosa Beltrán, con la que tuvo seis hijos. Hay que pensar que toda aquella zona sería mucho más boscosa en 1910, tender una emboscada entre dos fuegos era casi como coser y cantar. La pátina del tiempo en forma de líquenes cubre la memoria de este suceso luctuoso en los anales de Quintanilla de la Mata.

Panteón de la marquesa de Sancha, en Lerma

lunes, 27 de julio de 2015

Las cenizas del bulevar

Año y medio después de la movilización ciudadana que puso al barrio de Gamonal, en el foco de los principales medios de comunicación nacionales e internacionales, pocas cosas han cambiado en el día a día del distrito más poblado de la ciudad de Burgos, con unos 80.000 habitantes, y ni siquiera las recientes elecciones municipales han provocado un vuelco significativo en el ayuntamiento de la capital de la Vieja Castilla.


La más clara certidumbre tras un paseo por el corazón de la denominada zona cero del bulevar, es que –como en tantas ciudades- el comercio tradicional agoniza, y el cartel de SE ALQUILA campea por numerosas lonjas comerciales. La primera tienda de referencia en caer fue la legendaria Orensana, un comercio de textil enraizado durante cuarenta años en Gamonal, que hoy es una sucursal de Bankia, la "Orenbankia"; al menos su lonja se encuentra ocupada, lo que no ocurre con otra tienda del ramo La Flor Castellana, que se clausuró hace apenas dos meses, incapaz de seguir alargando su agonía. También han cerrado una conocida perfumería y una juguetería (esta última con una vida efímera), que se encontraban en la primera línea de fuego de aquel lluvioso enero de 2014.



El pavoroso incendio de la cárnica Campofrío, que daba trabajo a muchos vecinos de Gamonal, constituyó igualmente un duro golpe para la tranquilidad de este barrio, donde sus habitantes dicen ser burgaleses, pero no de Burgos; la realidad de Gamonal traspasa las fronteras de lo real y de lo imaginario. Tampoco el previsible voto de castigo de las municipales se cebó con el gobierno del Partido Popular de Javier Lacalle, que repitió alcaldía, aunque esta vez en minoría, pues el resto de formaciones fueron incapaces de llegar a un acuerdo para arrebatársela. El PP perdió cinco concejales, pero el PSOE no solo sumó sino que restó, lo que unido al ascenso de Ciudadanos (4 concejales) y la irrupción de la coalición Imagina Burgos (6) hizo que al final el PP obtuviera un gobierno en minoría. Lo más llamativo fueron los resultados de la coalición Imagina (Izquierda Unida y Podemos), que recogió buena parte del descontento generado tras la mala gestión de la obra del bulevar, y que tuvo en Gamonal buena parte de sus apoyos; la formación se presenta en el ruedo político con muchas ganas de dar guerra, pero con una bisoñez temeraria.

La vida sigue, en fin, los vehículos transitan como siempre lo hicieron por la calle Vitoria, que fue reasfaltada en ese tramo de la discordia; los vecinos se siguen quejando de que las baldosas se levantan; el ayuntamiento inauguró un frondoso parque infantil en las traseras de San Bruno apenas tres días antes de las elecciones municipales (fue casualidad, dicen), y los peregrinos del Camino de Santiago hollan con sus ligeros equipajes y sus bordones la zona cero, ignorantes de que año y medio atrás ésta fue el epicentro de la lucha del pueblo contra un gobierno autoritario que terminó dando su brazo a torcer, todavía no lo han incluido en las guías.



Arlanza, viajes, rules y garbeos: Semana Santa en Lerma

Arlanza, viajes, rules y garbeos: Semana Santa en Lerma: La Semana Santa también cobra en Lerma una dimensión especial, y ya no solo por la tradicional y multitudinaria representación de la Pasión ...

martes, 7 de abril de 2015

Semana Santa en Lerma

La Semana Santa también cobra en Lerma una dimensión especial, y ya no solo por la tradicional y multitudinaria representación de la Pasión -celebrada en el día de Jueves Santo-, sino por la procesión del Santo Entierro, que tiene lugar el día de Viernes Santo por las calles de la Villa Ducal, descendiendo los pasos por la calle Mayor.


Las diversas Cofradías despliegan capas, túnicas y capirotes, destacando la más veterana de ellas, la de la Vera Cruz. Los pasos son de factura sencilla, con la digna excepción de un Cristo yacente, que es conducido en su urna, escoltado por mujeres de luto, con farolillos, que dan al desfile una dolorosa y tétrica impresión, precisamente lo que se quiere representar.


Lo verdaderamente relevante de esta procesión del Santo Entierro es el marco que la acoge, una villa del Siglo de Oro, donde el devenir de los años no ha modificado sustancialmente el trazado urbano, lo que nos acerca aún más si cabe a los tiempos del valido de Felipe III, con todo su séquito de cortesanos, meretrices y buscavidas, para quienes esta época de Cuaresma debía representar un verdadero castigo, en una vida marcada por los excesos más barrocos.