Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

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martes, 4 de diciembre de 2018

Las bodegas de Quintanilla



La comarca Arlanza es pródiga en gentilicios curiosos: gerberos, gallareros, cascajuelos, raneros, vardaliegos, machuchos… el de Quintanilla de la Mata es brujos, y ya lo recogía el etnógrafo Domingo Hergueta en su libro «Folklore burgalés» de 1934:
Villalmanzo pa damas,
Lerma pa putas;
Quintanilla (de) la Mata
Todas las brujas.

Quintanilla la Mata
Lugar de bueyes,
Donde se crían chicas
Como claveles.

Quintanilla la Mata
Dichoso lugar
Donde perros ni gatos
Quieren parar.

Podría aludir este gentilicio brujeril a la antigua presencia en el pueblo de curanderas, de lo que no cabe duda es del temor reverencial hacia esta figura en toda la comarca, y de la que ya en otras ocasiones he hablado. Todo lo malo se achaca a un origen común: las brujas y el mal de ojo, por lo que son frecuentes todo tipo de amuletos contra ellos: cartillas, cruces, hexapétalas…


Una de las características por las que es más conocido Quintanilla es por sus bodegas, hace años hice un bosquejo de inventario, y me salieron 65 bodegas exentas y un número similar de merenderos, más que viviendas hay en el pueblo. Bodegas y lagares se asientan sobre un cotarro a la entrada del pueblo desde Lerma, y en su mayoría tienen orientación al Este, hacia el monte de la Andaya. Aunque la producción de vino hoy por hoy es casi testimonial, en tiempos representó la principal riqueza del pueblo, con una producción estimada de 20.000 cántaras, 320.000 litros «de la mejor calidad».



El origen de este conjunto de profundas bodegas, alguna de ellas alcanza hasta los treinta metros de longitud, puede estar en el siglo XVI, por cuanto en 1589 existe un pleito en la Real Chancillería de Valladolid, entre el Concejo de Quintanilla y su alguacil, Alonso de Salas, «sobre el derecho del Concejo a dar licencia a diversos vecinos para hacer unas cuevas en las que guardar el vino». Ciertas meriendas bien regadas por los vinos de la tierra alteran los ánimos, como le ocurrió a Manuel Gutiérrez, vecino de Quintanilla, que entabló pleito contra Pedro Pérez, cirujano y barbero asalariado por el Concejo, y que además era su cuñado; le acusó de que el 29 de junio de 1717, al ponerse el sol y estando el querellante en las bodegas del citado lugar, en presencia de más de treinta personas, le llamó pícaro y ladrón público.



lunes, 26 de noviembre de 2018

La Deportiva



La Ciudad Deportiva Militar, inaugurada en 1945, se asienta en unos terrenos entre Gamonal y Capiscol con numerosas pistas polideportivas de tenis, pádel, baloncesto, fútbol, hípica… En 2010 debió cambiar su denominación, que aún incluía al impulsor de la misma, el General Yagüe; el nombre deja bien a las claras la condición de sus usuarios.

En el plano futbolístico, que es el que nos interesa, la Dépor se dedica desde hace muchos años a las categorías inferiores, utilizando sus campos de fútbol de hierba natural, a los que se accede desde la carretera de Logroño. Destaca el campo principal, dotado de una excelente tribuna cubierta para seguir las evoluciones de los equipos. La Deportiva ahora no disputa categorías sénior, pero durante dos temporadas militó en la entonces llamada «Regional Preferente Oeste», categoría un peldaño por debajo de la Tercera división nacional. Fue durante la temporada 1976/77, cuando terminó noveno de veinte equipos. Aquel año subieron varios equipos a Tercera debido a la reestructuración de la categoría, entre ellos el campeón, Gimnástica Arandina, y el Burgos Promesas, filial del primer equipo blanquinegro. El campo de la Deportiva fue un pequeño fortín, cediendo tan solo cuatro derrotas (una de ellas ante el Promesas, precisamente), y obteniendo algunos resultados escandalosos, como el 8-2 ante la Toresana.




Un año después, los resultados no fueron tan buenos, pero la "Deportiva Militar" quedó decimocuarta, fuera de los puestos de descenso, aunque terminaría renunciando a la categoría. Aquel año solo subió el campeón, privilegio que obtuvo el Cacabelense berciano, seguido por el Béjar Industrial. El otro equipo local de la Preferente fue el Atlético Burgalés, que retornaba a la categoría con bríos (había descendido de ella la 75/76), pues obtuvo una buena séptima plaza, barriendo en casa de la Deportiva por un gol a seis. Todavía el grupo de Preferente era único para toda la Región (entonces ni siquiera existían las autonomías, agrupaba a Castilla la Vieja sin Santander ni Logroño, y a los equipos del antiguo Reino de León), por lo que la competencia era cerrada, de ahí el mérito de estos equipos modestos.






En la categoría Provincial de aquellos tiempos de fútbol heroico, encontramos de forma aislada algunos equipos patrocinados por empresas de la ciudad y provincia, como Firestone o Michelín (en Primera Provincial hasta la temporada 77/78 este último). También hallamos al Pacharán Zoco C.F., al menos hasta 1985; la desaparecida fábrica de Calzados Comanche, que se había inaugurado en 1957, llevó el nombre de un equipo de Segunda Provincial en la temporada 75/76, categoría en la que encontramos también en 1979 un club patrocinado por Cotemar, una agencia de transportes burgalesa. El sector del mueble tampoco sería ajeno al deporte, Muebles Evelio avalaba un equipo que en 1977 bajó de Primera a Segunda división provincial. Junto a Moral Cayuela en su fábrica de Castañares, y la nave de Muebles Claudio, bajo la marca "Claucama", en el Alto de la Varga, fueron tres de las firmas insignia, siempre presentes en los hogares burgaleses, hoy solo queda Muebles Evelio, que pronto será octogenario.





lunes, 17 de septiembre de 2018

Villoviado



Esta pequeña pedanía de Lerma, «lugar de poco vecindario», a pie de monte, pasó a la Historia como cuna del Cura Merino, heroico guerrillero durante la francesada, hombre inquieto que tras la expulsión de los gabachos tomó el bando absolutista, lo que le valió el destierro, acabando sus días en la lejana Normandía. Como en el vecino pueblo de Rabé, en Villoviado encontramos una centenaria morera, asociada al santo titular de su parroquia: San Vitores. A este peculiar mártir burgalés se le atribuye su nacimiento en Cerezo de Río Tirón, y su decapitación en Fresno, donde se conserva un convento dedicado a su memoria. Se le representa decapitado, portando tétricamente su cabeza en la mano.




Pocas noticias encontramos de Villoviado: sendos incendios pavorosos, el primero en julio de 1961, sobre el que no hubo que lamentar víctimas debido a la rápida actuación de vecinos y bomberos. Sin embargo, el de 1972 destruyó por completo el edificio del antiguo Ayuntamiento, la Escuela, el Teleclub y otros inmuebles. Hubo que salvar de las llamas tanto los pupitres, como numerosos legajos que a punto estuvieron de desaparecer.






Paseando por este pueblo, a cuyos habitantes llaman soperos, localizamos las bodegas, un lagar arruinado, la fuente de sabor medieval, la noble casona de Jerónimo Merino, y algunas muestras de arquitectura popular y devota, como la vivienda donde a finales del siglo XIX el señor Patricio Encinas García escribió sobre la piedra la leyenda SOLO DIOS ES ETERNO. Las chimeneas serranas, troncocónicas, así dispuestas para orear bien todos los productos de la matanza, rematan las viviendas más antiguas.