Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega
Todo lo que debes saber sobre Pedrosa

martes, 11 de diciembre de 2012

Erasmus Rennes 1995

Cuando empiezas a llamar a los holandeses "menapios", a los italianos "cisalpinos", a los alemanes "germanos", o a los suizos "helvecios", has de tener sumo cuidado, puede que sufras un peligroso síndrome. Si además has residido en una ciudad que los antiguos denominaban Condate, y que gusta compararse con el irreductible poblado galo de los cómics de Astérix y Obélix, ya no cabe duda, sufres el "mal de las becas locas", al que son particularmente sensibles los estudiantes Erasmus; sí, esos mismos que arrastran una losa legendaria de golfos trasnochadores, pierdemisas, conquistadores, pícaros y bonvivants.


Pero si cada estudiante Erasmus contara su experiencia en un libro, o en un blog, se llenarían tantas páginas, que no habría papel suficiente para recoger tantas anécdotas o experiencias surrealistas, como las que hemos sufrido quienes hemos transitado por esa etapa de la vida universitaria.
Quizá por eso, hace tiempo que decidí plasmar parte de esas vivencias en una novela, más que en una enumeración de anécdotas, que es lo que mucha gente tiende a escribir cuando quiere contar su vida. Yo aún soy joven para contarla, aunque como dice un articulista británico, existe un selecto club de futbolistas que han escrito más libros -sobre su vida- de los que han leído (y no quiero decir nombres).
La novela la titulé "Becas locas", y una editorial digital tuvo el detalle de declararla recientemente finalista de un concurso sobre la materia, gracias a lo que puede adquirirse en Amazon, invitando desde aquí a que la descarguéis todos los que queráis conocer más cosas de Francia, y que además queráis pasar un buen rato. Este es el enlace http://www.amazon.es/Mi-Erasmus-Francia-ebook/dp/B009SRQTGA Lo siento, todavía no se ha editado en papel.


La de arriba es la clásica imagen de Rennes en postal, la de la Rue Champ-Jacquet, si mal no recuerdo; agradecería que alguien me recordara el nombre de las terrazas que aparecen en la foto, donde pasé tan buenos momentos en excelente compañía. Me refiero a los gauloises blondes y a une demie froide. Y a mis compañeros, por supuesto.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Choupín, choupiñeiro

En los montes valdeorreses es posible encontrar una gran variedad de setas o cogomelos, como el de la imagen. El dicho popular gallego es "choupín, choupiñeiro, dime ónde está o teu compañeiro", pues generalmente se encuentran por parejas, como si tuvieran miedo a la soledad. El nombre científico de este ejemplar es Macrolepiota Procera, y cocinada a la sartén tiene un sabor delicioso; para los profanos, decir que es muy fácil de identificar debido a su largo pie, y a su gran sombrero, extraordinariamente carnoso.
 
 
Ahora, que las setas están tan de moda en los restaurantes, y que los denominados Boletus son tan apreciados, hay que decir que Boletus Edulis, quiere decir simple y llanamente "seta comestible", así que esta Macrolepiota podría pasar perfectamente por un Boletus, aunque no tenga el mismo aspecto.
Y es que nos encanta vestir con nombres pomposos a las cosas más simples, y pocas cosas hay más simples que una seta.
 
Desde el Pacio subo por el camino de Alzapernas (otro nombre simple que evidencia un notable esfuerzo físico), para visitar los viejos molinos harineros de pizarra, hundidos, abandonados, escondidos entre las silvas y los tojos como ruinas mayas. Parece increíble que a mediados del siglo XVIII funcionasen una docena de ellos moliendo centeno. Atravieso el puente de Pérez, que no tiene petril y cuyo paso no se recomienda a quien padezca de vértigo, y me pierdo entre la maleza hasta descubrir un sendero vigoroso, a modo de calzada romana, con robustas lascas de pizarra. Tengo que gatear, me hago un siete en el pantalón del chándal, pero finalmente llego a un molino que todavía conserva parte de su estructura de lousas, y su piedra molinar.
 
Tras un breve reconocimiento del lugar, caigo en la cuenta de que está anocheciendo, y de que si tomo un camino equivocado, o caigo accidentalmente por el barranco, probablemente nunca se descubriría mi cadáver, y pienso en una retirada prudente, lamentando el abandono del lugar. Hace cincuenta años todavía por allí transitaban los carros, esos carros gallegos con ruedas macizas de madera de castaño, y hoy tengo que gatear para poder alcanzar mi objetivo.
 
Vuelvo por el puente de Pérez, que debió tomar el nombre de alguno de los propietarios de los molinos, y disfruto del olor a higuera en un recodo del camino, caminos azules, pizarrosos, que llevan a viñedos montaraces, recién vendimiados. Es un remanso de paz, tan aislado, tan puro, hasta el Mopu ha cortado el túnel de acceso a Valdeorras desde el Bierzo, como si así quisiera preservar la riqueza del valle. Y al menos hasta 2013 no lo abre. El Sil y sus afluentes auríferos, que dieron nombre a toda una provincia, Orense, rebautizada como Ourense por mor de la estúpida normalización lingüística. Para mí es este el único oro que le queda a Orense, también castigada por la despoblación y el aislamiento.
 
 


lunes, 24 de septiembre de 2012

Prohibido arrojar objetos con el tren en marcha

Como decía Delibes, casi todos los intentos de industrializar Castilla, han fracasado. Desde el punto de vista de sus comunicaciones, quizá las dos obras que más han acentuado ese trágico carácter fueron el Canal de Castilla y el Ferrocarril. Se puede decir que el primero pasó a mejor vida por causa del segundo, mientras que el segundo se ha ejecutado a sí mismo reinventándose en otra serie de engendros sobre raíles denominados "alta velocidad".

Cuando llego de buena mañana a la estación abandonada de Fontioso, una de tantas de la línea férrea Burgos-Aranda, lo primero que me llama la atención, además de que han arrancado de cuajo casi todas las vías de la estación, es la hilera infinita de latas oxidadas, que me trae a la memoria las placas que lucían en los vagones de Renfe, avisando de que estaba prohibido arrojar objetos con el tren en marcha. Se ve que los viajeros se podían saltar la prohibición en las paradas.


La estación ha sido desprovista de todos sus elementos ornamentales, y por los restos hallados en su interior (una brocha, ropa vieja, colchones, cocacolas, envoltorios de condones), ha sido utilizada como picadero o como albergue temporal para vagabundos. Pues ya sólo faltaba que también la Junta tuviera que declarar este tipo de estaciones como monumento histórico-artístico. De hecho, el estado actual de la estación de ferrocarril de Burgos (aún capital de provincia, hasta que reorganicen el Estado) no es mucho mejor que el de la estación de Lerma o Fontioso.


Lo verdaderamente paradójico de todo esto es que los trabajos de construcción del tajo ferroviario del que se denominó el "directo Burgos-Madrid" durante la posguerra dieron de comer a muchos habitantes de la comarca, amén de los presos políticos que purgaron "sus culpas" a pico y pala en pos del progreso de los raíles que venían de Ensidesa. La obra se había iniciado en 1927, y hasta 1968 no se culminó. Pero el directo perdió la batalla con la N-I (el antiguo "Camino Real"), y el escaso número de viajeros, sumado al hundimiento del túnel de Somosierra en 2011, hizo que los trenes dejaran de discurrir por esta línea, cuya construcción duró más tiempo que sus años en funcionamiento.

Yo no sé si alguien algún día le sacará a esta línea algún tipo de rentabilidad (la única que se me ocurre es la de los buscadores de fantasmas), o si seguirá el mismo deprimente camino que el ferrocarril Santander-Mediterráneo, otra obra faraónica que discurría por la provincia burgalesa, y que ni siquiera llego jamás a ver un tren cubriendo el recorrido completo. En el colmo del disparate, los últimos 'trenes' que hicieron el trayecto Burgos-Aranda-Madrid fueron autobuses de línea, desde los que no se percibía el cha-cha-cha del tren, ni se podían lanzar objetos por sus ventanas.



miércoles, 22 de agosto de 2012

Tabanera Socastro

Creo que no hay nada más solitario que el cementerio abandonado de un pueblo abandonado, y ya que estábamos hablando de despoblados (post anterior), vienen muy a cuento las imágenes que se plasman a continuación, procedentes de Tabanera, un antiguo lugar muy cercano a Castrojeriz, que nos deslumbra desde lejos por la espectral imagen de su vieja iglesia gótica resquebrajada, dedicada al Arcángel San Miguel.

El cementerio (nada indica que se trate del camposanto, ni siquiera contiene cruces, pero su ubicación a las afueras del pueblo, y su gran parecido con otras construcciones de la comarca, apuntan con bastante certeza a ello), ha sido mutilado: le han despojado de las dovelas de su arco de entrada, además de las dos piedras frontales, que solían contener leyendas biblícas aludiendo a la brevedad de la vida, de las que hablaré en otro post.
Probablemente, a causa de la escasa "rotación" de difuntos ni siquiera dispondría de osario, elemento éste que no podía faltar en los cementerios de algunas iglesias del cercano Castrojeriz, que además de alojar a una población importante, a buen seguro sirvió de sepultura a numerosos peregrinos a quienes sorprendió la muerte camino del sepulcro del Apóstol.


No hace falta ser peregrino a Santiago para visitar Castrojeriz, que no deja de sorprender nunca por sus grandes contrucciones pétreas, desmesuradas diría yo, testigos de su antigua importancia como centro lanero. La calavera es una buena metáfora del porvenir rural, amenazado de muerte, y sin ni siquiera cementerio donde ser sepultado.

lunes, 23 de julio de 2012

Mazariegos

Pocas cosas hay más apasionantes, y al tiempo, más deprimentes, que un pueblo abandonado. Me encanta disfrutar del silencio de estos antiguos poblados, aunque también sufro pensando en todas esas historias personales que desaparecerán para siempre. El último aldabonazo del Gobierno "animando" al abandono de pueblos, es la Ley que obliga a unir ayuntamientos para hacerlos más "rentables", como si los concejales vocacionales de pueblos minúsculos se estuvieran enriqueciendo a costa del contribuyente, cuando en realidad la mayoría de las veces realizan trabajos no remunerados, y menos valorados.
Hoy he traído a colación el despoblado de Mazariegos, en la carretera de Salas, bajo la sierra de las Mamblas, tan evocadora de sentimientos maternos, como su propio nombre indica.
Quedan cuatro casonas ya desprovistas de techo, las crónicas cuentan que el pueblo se abandonó definitivamente en los años 50 del siglo XX, si bien tampoco tuvo una existencia fácil, pues fue Coto de caza particular. Tiene gracia, que uno de los dólmenes más importantes de la provincia, situado en su viejo término municipal, lleve su nombre, y que haya supervivido a la propia desaparición del pueblo (que, evidentemente, surgió después del dolmen).
Aún se mantienen en pie parte de las paredes de su iglesia gótica, dedicada a Santa Eulalia:


Como en tantos otros monumentos castellanos, el expolio tras la ruina no ha conocido límites. Además de lo que se han llevado aquellos ignorantes que gustan de decorar sus chalets con piedras bonitas, o bien talladas, ignorando si las han tallado hace diez o mil años, la valiosa pila bautismal (románica) fue a parar al Museo Arqueológico Nacional de la capital; mientras que su portada se destinó al recinto de la iglesia de Santa Cecilia de Salas, donde se trasladó en 1980.
Hoy, las vigorosas ortigas defienden la entrada al interior de la iglesia, y al minúsculo cementerio, que nos viene a indicar que Mazariegos nunca estuvo muy poblado, aunque -insisto, pues las sufrí en carnes- las ortigas protegen su paso, y las hierbas salvajes alcanzan la altura de un hombre de buena estatura.


El primer contacto que tuve con una iglesia abandonada fue en Tabanera, junto a Castrojeriz, desde entonces he visitado unas cuantas, incluyendo ésta de Mazariegos, Puentes de Amaya, o Santa Eulalia de Valdeorras, por citar sólo unas pocas; procurando ser respetuoso y mantener en todo momento la paz de todos aquellos que alguna vez transitaron por esos templos desolados, que resistieron enfermedades, pestes, y tantas y tantas generaciones de gente humilde, pero que sucumbieron a la peor de las plagas: el progreso.


martes, 26 de junio de 2012

Bendeciré

"Bendeciré, sexta planta, puerta ce". Ya lo recordaba El Último de la Fila en una de sus canciones. Hemos crecido junto a figuras totémicas, como el perfil del Sagrado Corazón de Jesús en las puertas de las casas, que todavía es corriente encontrar. Poca gente sabe que en 1919 el rey Alfonso XIII (dos años antes de la carnicería de Annual, de la que fue máximo responsable) consagró la nación por suscripción pública al Corazón de Jesús, popularizándose desde entonces las figuras del Sagrado Corazón con los consabidos "Reinaré" o "Bendeciré". En muchos pueblos de la provincia quedan recuerdos de esa consagración, como si fueran una especie de amuletos para atraer la buena suerte, o combatir la mala. La imagen de debajo corresponde a Pradoluengo, en la Sierra de la Demanda, donde he podido contar hasta tres imágenes del Corazón de Jesús, campeando en el escudo nacional, identificable por los castillos, leones, barras de Aragón y cadenas de Navarra. En la ciudad de Burgos también he localizado el mismo símbolo metálico -ya herrumbroso- en la Plaza del rey San Fernando, a un paso de la Catedral.


Cuando los mozos se enfundan las cazadoras "vintage" con los símbolos de las Olimpiadas de Munich o Montréal, no terminan de darse cuenta de que lo realmente "vintage" son estos recuerdos de la religión dominante, que al común de los mortales pasa desapercibido. Durante la Guerra Civil los carlistas se bordaban en el pecho un Corazón de Jesús denominado "Detente", con la firme convicción de que detendría las balas enemigas. Hasta ese punto llegaba una creencia en un símbolo religioso que hoy se cuartea en las puertas de muchas casas, en el campo y en la ciudad, como la de debajo, ubicada en la comarca del Arlanza.

sábado, 2 de junio de 2012

El molino de los Borbollones

Siempre se ha dicho que la villa de Lerma es abastecida por el agua de los Borbollones. Este pago se encuentra junto al río Arlanza, un poco antes de entrar a Quintanilla del Agua desde Lerma, si bien se encuentra en el término de Castrillo Solarana. Los Borbollones o "Argollones" son unas surgencias donde brota el agua de forma casi violenta, a una velocidad de 120 litros por segundo. Para acceder, ee ha desbrozado el camino desde el molino, que me apena profundamente que conserve el estado de la fotografía, tomada en 2011, es posible que hoy se encuentre aún en peor estado:

Y resulta harto lamentable que asentamientos humanos que datan del siglo VIII, terminen de esta manera. Parece ser que ya en aquella lejana centuria existían molinos harineros en la zona conocidos como "Los molinos de Apre", y aún se pueden ver diversas construcciones. Incluso, sólo a unos metros, las ruinas de una iglesia campean sobre una pequeña loma, en mitad de un majuelo. Se trata de la ermita del despoblado de Torrecilla, levantada en un observatorio privilegiado del río Arlanza, desde donde se puede divisar hasta la Sierra de las Mamblas. El propio topónimo nos dice que lo que debió ser una torre defensiva, se convirtió en ermita: sus ventanales en realidad son saeteras.


Después, se puede seguir ruta hacia Tordueles, o bien, retrocediendo y salvando de nuevo el robusto puente sobre el Arlanza, llegar hasta Quintanilla del Agua y visitar el taller del artesano Félix Yáñez, que ha materializado sus sueños en piedra y adobe, los materiales constructivos de la comarca.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Quintanilla de la Mata: brujas pirujas

En todos los pueblos de la zona de Arlanza se respira una enorme paz. Uno no sabe si es a causa de la despoblación galopante, o si es que son los símbolos contra el mal de ojo, repartidos por muchos de los dinteles de las viviendas de la comarca, los que las protegen de todo mal. A Quintanilla lo llaman "el pueblo de las brujas", e investigando creo que localicé parte de la explicación.


A falta de testimonios escritos (yo al menos aún no los he encontrado), los testimonios orales quedan refrendados por la abundante simbología contra el mal de ojo, o las brujas, que viene a ser lo mismo en esta comarca supersticiosa y temerosa de Dios. Debajo, una esvástica en Fontioso:


Este tipo de cruces es más frecuente en Castilla de lo que la gente cree, y su simbología es simplemente de protección, como la cruz hexapétala o roseta, o la misma cruz latina, más políticamente correcta en nuestra cultura cristiana, que tantos ritos paganos absorbió y asimiló como propios.

El libro ya se publicó el año pasado, para los que tengáis interés en un 'resumen', os enlazo a una revista de etnografía, que recientemente ha publicado un artículo relacionado con el mal de ojo en la Comarca del Arlanza: http://www.funjdiaz.net/folklore/pdf/rf362.pdf

Y todavía hay más: las imágenes de Cuarto Milenio (octubre de 2011) que podéis descargar aquí: http://www.youtube.com/watch?v=EecmH4D2iY0


lunes, 21 de mayo de 2012

Este blog nace en mayo de 2012 para hablar de viajes, rules y garbeos por cualquier lugar que alimente mi curiosidad; aunque lo centraré en las comarcas burgalesas del Arlanza y Odra-Pisuerga, he decidido iniciarlo con un pequeño recuerdo a Casa la Vega, lo que en casa denominábamos como 'la campa', pues ésa era su mejor definición, un espacio amplio en el que nos desfogábamos los baby-boomers del Gamonal de los 70-80. Hoy sólo quedan los recuerdos.
He ilustrado el texto con una foto de la casona de 1930, extraída de un libro de fotografías antiguas de Carlos Sainz Varona:


En la ciudad en crecimiento de los años setenta, no había parques. Los columpios eran una rareza exótica para los arrabales de una urbe por cuyas calles aún transitaba algún rebaño de ovejas. Las madres cogían por las tardes a sus proles de rodillas negras para dirigirse a la campa de Casa la Vega. Detrás de los bloques de viviendas descomunales de Gamonal, en la calle Centro (absurdo nombre para una calle) se ubicaban las casas bajas y las lecherías, el olor a heces vacunas recientes lo impregnaba todo, y el camino empedrado nos llevaba por naves agrícolas protegidas por alambre de espino y tapias coronadas de vidrios cortantes. En el modesto río Vena existía una pequeña presa donde los niños nos bañábamos felices. Más allá del río se encontraba la Casa de la Vega o Casa la Vega, un paraje rodeado aún en parte de una muralla con un vistoso escudo nobiliario, que recordaba que en ese mismo lugar había estado alojada la reina de Castilla, Juana la Loca, en 1506, con el séquito funerario de su esposo, Felipe el Hermoso. La robusta casona con sus dependencias, situada en medio de la finca, impresionaba desde la distancia, pero sus campas eran un lugar de recreo ideal para aquellos hijos del baby boom que se entretenían jugando al balón entre álamos y castaños de indias.
Al otro lado del polvoriento camino que subía a «los pozos», el terreno era pantanoso: charcas y algunos manantiales, en los que se abrevaban los infantes con cierta precaución, pues también lo hacían las bestias, como se ha referido, nada infrecuentes en aquella época. Buscábamos renacuajos y nos escondíamos entre las junqueras. La especulación inmobiliaria acabó con todo: ni un recuerdo, ni una placa, todo desapareció bajo la pala voraz de alguna retroexcavadora, y el escaso atino de los nuevos planes urbanísticos.