Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega
Todo lo que debes saber sobre Pedrosa

miércoles, 21 de junio de 2017

Grafiteros en Quintanilla



En el zócalo de una vieja casa junto a la Plaza Mayor de Quintanilla de la Mata, localizamos este gracioso grafiti de casi tres siglos, dando cuenta del año en que nazió Santiago Araguzo, el 16 de mayo de 1747. También se podría leer Araúzo, que aunque ahora tenga una grafía fija, antiguamente se escribía de forma indistinta, siendo el primero una deformación del segundo apellido.

Escarbando en las escrituras de taberna, he localizado a un tal Pedro Araguzo, que bien pudo ser su padre, y que según el catastro de Ensenada de 1752 tenía ocho colmenas, y además regentó la taberna en el año de 1759. Siguiendo el meticuloso catastro, al tabernero se le pagaban 7 maravedís por cada cántara de vino vendida; si tenemos en cuenta que en un año se le pagaban 308 reales y 28 maravedís, y considerando que un real estaba compuesto por 34 maravedís, nos sale la fabulosa y redonda cifra de 1500 cántaras de vino de la cosecha del pueblo (sic) despachadas en aquel año de 1752. Casi cuatro cántaras por día para solaz del paisanaje, incluyendo los domingos, por eso estas tierras siempre han sido «de pan y vino».


miércoles, 31 de mayo de 2017

Valbonilla

Resulta complicado encontrar información sobre Valbonilla, que como pedanía o anexo de Castrojeriz, suele ser reducida a la categoría de granja, y eso a pesar de que aunque actualmente su peso poblacional sea escaso (apenas 60 habitantes), en 1905 se elevaba hasta los 184 vecinos, es decir, un pueblo como dios manda.


Valbonilla ya aparece citada en la documentación del Monasterio de Aguilar al menos desde 1173, y en 1377 en una donación se cita «la su iglesia de Santa María Magdalena de Fuentelaencina, cerca de la aldea de Pedraja, con sus palacios…». Esta aldea ya despoblada se encuentra al inicio del arroyo junto al que se halla el pueblo, y todavía conserva en su margen derecha algunos paredones que bien pudieron corresponder a dicha iglesia y construcciones. En 1855, durante las Guerras Carlistas, la temible partida de bandoleros conocida como Los Hierros, maltrataron a Justo Quijano, morador en dicha granja. En agosto de 1911 descargó una fuerte tormenta, inundándose varios edificios y ahogándose 197 ovejas, muchos conejos y gran número de gallinas.


Siguiendo la carretera en dirección a la provincia de Palencia, nos topamos con un faraónico palomar de piedra caliza del páramo, el material constructivo más abundante en la zona. En su interior encontramos numerosos columbarios, por lo que no se nos ocurre otro uso a tal construcción, cuya ubicación en el valle le resta todo carácter defensivo.

En 1933 hallamos un breve en la prensa de la época dando cuenta de que una chispa en el domicilio de Feliciano Castaño pudo terminar en tragedia, aunque la única víctima resultó ser una mula, que murió en el incendio. En la comarca es muy recordado el juicio de faltas que tuvo lugar en Castrojeriz entre dos vecinos de Valbonilla, que acudieron a testificar montados en el mismo burro, con los cardenales aún recientes por la pelea que habían mantenido.


viernes, 27 de enero de 2017

Paúles del Agua

Para llegar a Paúles desde Quintanilla, tomamos el camino de las Hontanillas, atravesando primero la Cañada Real burgalesa, y a continuación la vía del ferrocarril del directo Burgos-Madrid, que hoy por hoy solo opera convoyes de mercancías para una empresa arandina. Por el camino de concentración vamos dejando atrás numerosos majuelos hasta llegar a la surgencia del arroyo de Valdeámete, que discurre entre junqueras hasta la pequeña localidad de Paúles. No es extraño avistar corzos; tampoco cazadores mal camuflados que usan las tenadas para darse buenos homenajes.


De Paúles del Agua destaca su iglesia parroquial de San Mamés, su fuente medieval, y algunas muestras de conmovedora arquitectura popular, como la foto de debajo. En el Catastro de Ensenada (1752) declaraban medir las tierras de secano en fanegas, y las viñas en obreros, un obrero se componía de 200 cepas. En aquella época vivían en Paúles 13 vecinos (hogares), 4 viudas y 3 habitantes. El vecindario en 1905 según el anuario de Riera se elevaba a la sorprendente cifra de 162 habitantes, un siglo después estamos en 14. 


En este lugar también destaca una poderosa vivienda semiarruinada, decorada con profusión de cruces, y fechada en 1651; pudo pertenecer a algún clérigo o miembro de la Inquisición, en el Catastro se cita a un tal Joseph Salazar, Presbítero residente en la ciudad de Logroño. Esta mansión precisaría un poco más de atención y una urgente puesta en valor. Una noticia del diario satírico El Papamoscas de 6 de marzo de 1898, daba cuenta de que el canto de las marzas de aquel año «se había celebrado a tiro limpio en Paúles, sufriendo más la casa de Santiago Martínez, aunque no hubo desgracias». Sin duda, alguien desafinó un poco más de la cuenta…


Del cercano molino del Berral, tenemos noticia de que estuvo en funcionamiento al menos hasta la postguerra, pues a él acudían con pesados sacos de trigo los vecinos de Iglesiarrubia o Quintanilla de la Mata, casi siempre con silenciosa nocturnidad para evitar las requisas. El catastro cita en este término un «molino harinero del común, situado sobre el Arroyancho, con una rueda. Muele solo nueve meses al año por falta de agua. Pagan los vecinos diez fanegas de pan medido, trigo y cebada, las mismas que si se arrendase». Hoy asistimos desolados a su lenta ruina, ya despojado de su techumbre, con los adobes al aire.


viernes, 20 de enero de 2017

Fuentes en Quintanilla de la Mata

Hoy quizá no apreciamos tanto las fuentes que encontramos en el campo o a las orillas de los caminos como lo hacíamos antes. Las largas jornadas al aire libre, en una economía eminentemente agrícola, como la que conocieron nuestros abuelos, hicieron de las fuentes el mejor aliado para aplacar la sed, pues el agua embotellada no existía como la conocemos ahora –en envases de PVC-, y en su lugar se llevaba la bota de vino o el botijo. Una fuente cerca del campo de labranza evitaba ir aprovisionado de varios litros de vino –o de agua en su defecto-; por eso eran tan apreciadas y se cuidaban con tanto esmero.

Quintanilla no tiene río, pero tiene arroyos (de los que se hablará a continuación), y un manto freático que surte con generosidad todas las fuentes que conocemos, además de las conocidas charcas de San Andrés y de las bodegas, aprovechadas como lavaderos comunales, y que no son más que afloramientos a la superficie de dicho manto freático.


El arroyo Valtrasero, también conocido como Matajudíos, nace en las inmediaciones de Fontioso, en el término de la Jalviguera, a unos 920 metros de altitud. Atraviesa el páramo del Enebral, para transcurrir paralelo a la carretera de Villafruela, donde adquiere el nombre de Arroyo Campanario. Este nombre alude al despoblado, cercano a Villafruela, llamado indistintamente Laguna o Campanario, que ya aparece citado en el Cartulario de San Pedro de Arlanza en el año 1054, y al que se alude a mediados del s. XIX en el diccionario de Madoz como «la ermita en ruinas».


Todavía se aprecian sobre una loma los restos de una edificación de piedra, junto a posibles construcciones en la falda del cerro. El camino de acceso se encuentra perfectamente empedrado, y rodea un pequeño desnivel donde se asienta intermitentemente la laguna que daba nombre al despoblado medieval.

Este modesto arroyo Matajudíos, que llegó a impulsar hasta cinco molinos, va recibiendo las contribuciones de otros cauces de agua, para convertirse en el Río Franco, que contando su primigenia denominación de arroyo Valtrasero o de Matajudíos, recorre 33 kilómetros por las provincias de Burgos y Palencia, desaguando en el Arlanza en el término de Peral. Antes, ha atravesado los términos de Fontioso, Quintanilla, Villafruela, Espinosa de Cerrato, Royuela de Río Franco, Cobos de Cerrato, Hontoria de Río Franco, el despoblado de Quintanilla de Río Franco, la finca Retortillo, hasta desembocar a la altura de Pinilla de Arlanza. En cuanto a su toponimia, parece claro que alude al «río de los Francos», debido tal vez al establecimiento en sus orillas de este pueblo (godos procedentes de Francia), que repoblaron el Cerrato a finales del siglo V, y que acuñaron para la Historia el nombre de Campos Góticos, o más sencillamente, «Tierra de Campos», que es como actualmente se conoce al Cerrato y a las tierras aledañas de Palencia y Valladolid.

Habitantes de aquel y otros arroyos del término municipal eran las deliciosas ratas de agua, que hasta su extinción con la llegada de los plaguicidas, eran cazadas con pequeños cepos, y formaban parte de la escasa dieta de la postguerra. Delibes las libró del olvido en su maravillosa novela Las ratas (1962), de la que se reproduce un diálogo entre Fito Solórzano, el Jefe, y Justito, el Alcalde:
-        ¿Para qué quiere las ratas?
-        Las vende
-        ¿Y quién compra ratas en tu pueblo?
-        La gente. Se las come.
-        ¿Coméis ratas en tu pueblo?
-    Son buenas, Jefe, por éstas. Fritas con una pinta de vinagre son más finas que codornices.
-        ¡Eso no lo puedo tolerar! ¡Eso es un delito contra la Salubridad Pública!
-        En la cuenca todos las comen, Jefe. Y si te pones a ver, ¿no comemos conejos? Una rata es lo mismo, es cuestión de costumbre.

En el resto del término de Quintanilla de la Mata, podemos identificar las siguientes fuentes y surgencias:
-        «La fuente». Emblemático hito del casco urbano, con su escudo de Castilla y el pilón o abrevadero para los machos. La fuente vieja podríamos datarla hacia 1877, que es cuando aparece en el Archivo Provincial el expediente de construcción de una fuente. Posteriormente, en 1894 existe un proyecto de reparación de la fuente, lavadero y abrevadero. En 1913 se reseña un nuevo expediente de conducción de aguas potables y construcción de fuente y abrevadero. Los testimonios de los mayores apuntan a que la fuente vieja se sustituyó por la nueva en aquella época (1913), y se encuentra sepultada a solo unos pasos de la nueva, a los que excavaron los pozos les pagaban con una peseta de jornal, mientras que a los que trabajaban arriba, les pagaban dos reales. La fuente nueva presenta muchas similitudes con la de Villahoz: el escudo de Castilla, las molduras de la pileta, el doble caño de bronce, y hasta el año de ejecución (1911), por lo que podría tratarse del mismo cantero en ambos casos.
La fuente de la plaza se seca periódicamente desde el verano de 2012 tras las obras en la Autovía.



-        «El pozo». Frente a la casa de Agustín Martín, con mecanismo de manivela, disponía de dos pilas. No se secaba nunca, hasta que pasaron la línea del teléfono… Tras la desafortunada remodelación de la plaza, desapareció definitivamente.

-        Manantial de Valdeámete, surgencia en el camino de Paúles, una vez atravesada la línea férrea. Un agua de excelente calidad, que da lugar al llamado «arroyo de Valdelerma», pues se dirige hacia la Villa Ducal.

-      «Fuentecalle». Es un pozo con brocal y varios pilones junto al club de Golf de La Andaya, de camino a Cilleruelo.

-       Manantiales de las charcas de San Andrés. Según la tradición oral, una daba dolor de estómago, y la otra no. Había que andar con cuidado, porque era frecuente encontrarse con sanguijuelas, que atacaban al ganado.

-        Manantiales del Valle, bajo las bodegas. Allí se abreviaban los del monte (de la Andaya), con la burra.

-        «Fuente Mora». En el camino de Lerma, hoy tapada por la autovía de Madrid.

-        «Fuente de los Olmos». En el camino de la Estepilla.

-   «Fuente del Mesquero». En el mismo término que indica su nombre, junto a unos nogales; nunca se ha secado.

-        «Fuente del tío Abilio». Mana en la vera de uno de los caminos que llevan a Rabé. O, al menos, manaba. La dio nombre su descubridor, un burrero, o especie de pastor que conducía el ganado.

-        «Fuente de las Hontanillas». En dicho término, muy cercana  a la vía férrea.