Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega
Todo lo que debes saber sobre Pedrosa

viernes, 15 de septiembre de 2017

Villalonquéjar y Villagonzalo-Arenas



Antes de que llegaran las fábricas al Polo de Desarrollo de Villalonquéjar a mediados de los años sesenta del siglo XX, ya existía el pueblo, cuyo nombre puede derivar de villa de Nuño César y con parroquia dedicada a Santa María Magdalena. En la actualidad el barrio cuenta con 174 vecinos, un restaurante, y respira bastante tranquilidad.

En el pasado, la principal actividad económica de Villalón o Villalonquéjar era la producción de queso fresco, del denominado de Burgos, no en vano en 1973 se contaban hasta 17 personas dedicadas a la elaboración de este tipo de queso, además de otras cinco en Castañares, cinco más en Villagonzalo-Arenas y una en Villímar.






Precisamente, el barrio de Villagonzalo-Arenas se encuentra en la otra punta del polígono, remontando el río Ubierna. Su iglesia está dedicada a San Pedro de Antioquía y actualmente cuenta con tan solo 50 habitantes (doblando el censo del año 2000, que era de 26). En esta pequeña localidad (no confundir con el otro Villagonzalo-Pedernales) en julio de 1928 falleció su alcalde, Indalecio del Río, al caerle un rayo durante una violenta tormenta; según informa la prensa de la época, «tuvo la mala ocurrencia de cobijarse bajo un sauce». Nos llama también la atención los restos de un ajado y olvidado torreón que se debate entre la vida y la muerte bajo la mirada torva de naves industriales.


Escudo nobiliario en Villalón

 

martes, 5 de septiembre de 2017

Villímar (barrios y pedanías de Burgos, 1/9)



Paseando recientemente por la mullida ribera del río Vena, feudo de runners, lactantes y andarines, caí en la cuenta de lo poco conocidos que son los diferentes barrios de la ciudad de Burgos, salvo para quienes obviamente viven en ellos. Nada nuevo bajo el sol, si muchos burgaleses del centro no suben a Gamonal nunca (el inverso no es posible), como para visitar esos barrios periféricos, muchos de los cuales yo mismo reconozco desconocer. Y no me refiero a los nuevos ensanches y zonas residenciales, sino a los viejos pueblos que el propio crecimiento de la ciudad ha ido absorbiendo, por no decir engullendo.

Estos nueve barrios o anexos son Villímar, Villafría, Cótar, Cortes, Villagonzalo-Arenas, Villalonquéjar, Villatoro, Castañares y Villayuda o La Ventilla. Procuraré ir mostrando algunas de sus particularidades como una especie de ruta temática, de esas que ahora están tan de moda, empezando por el barrio de Villímar.






Creo que los chavales de mi generación asociamos Villímar al convento de San Esteban de los Olmos, al que se acudía siempre en festiva marcha durante el mes de mayo desde la parroquia Real y Antigua. Aunque en efecto este convento se encuentra en el término municipal de Villímar, llegar andando hasta allí se hace un tanto largo y tortuoso, hay que ver las cosas que hacíamos por la fe… 

Villímar (hoy con 1.063 habitantes según el censo del INE) aparece ya desde el año 1293 como Villaymara; además de las viviendas modernas, conserva un numeroso caserío de piedra caliza de fina labra, donde es frecuente encontrar dobles cargaderos como los de la foto. La iglesia está dedicada a San Adrián, y según la inscripción sobre una de sus fachadas, fue reformada en el año de 1749. Su pórtico es moderno, y se conservan las trazas de un reloj solar.





En las hemerotecas encontramos una curiosa noticia de agosto de 1888, en la que se recoge que una vendedora de leche de Villímar fue multada «por no tener el líquido las debidas condiciones», y al ser reincidente, además de la multa, se arrojó la leche al río Vena en presencia del público, para mayor escarnio. El Papa-Moscas en 1898 nos regala igualmente una noticia en la que se da cuenta del intento de suicidio de un segoviano llamado Vicente Miguel Cáceres, que después de darse un tiro, se tiró al río en Casa de la Vega, siendo auxiliado por el médico de Villímar, tras ser alertado por unos vecinos que escucharon ladrar a los perros de la finca. En la noticia permanecía todavía grave en el Hospital de San Juan de Burgos.

A partir de 1971 casi todas las noticias sobre el pueblo hacen referencia al incipiente Polígono Industrial Gamonal-Villímar-Villayuda. Una puerta metálica hoy da paso a lo que debería ser el parque empresarial, del que se habilitaron aceras, alcantarillado y alumbrado; hoy lo invade la maleza y la vegetación de ribera. Es recomendable no visitarlo si no se quiere terminar en el fondo de una alcantarilla, pues los ladrones ya limpiaron todas las tapas que pudieron.






miércoles, 21 de junio de 2017

Grafiteros en Quintanilla



En el zócalo de una vieja casa junto a la Plaza Mayor de Quintanilla de la Mata, localizamos este gracioso grafiti de casi tres siglos, dando cuenta del año en que nazió Santiago Araguzo, el 16 de mayo de 1747. También se podría leer Araúzo, que aunque ahora tenga una grafía fija, antiguamente se escribía de forma indistinta, siendo el primero una deformación del segundo apellido.

Escarbando en las escrituras de taberna, he localizado a un tal Pedro Araguzo, que bien pudo ser su padre, y que según el catastro de Ensenada de 1752 tenía ocho colmenas, y además regentó la taberna en el año de 1759. Siguiendo el meticuloso catastro, al tabernero se le pagaban 7 maravedís por cada cántara de vino vendida; si tenemos en cuenta que en un año se le pagaban 308 reales y 28 maravedís, y considerando que un real estaba compuesto por 34 maravedís, nos sale la fabulosa y redonda cifra de 1500 cántaras de vino de la cosecha del pueblo (sic) despachadas en aquel año de 1752. Casi cuatro cántaras por día para solaz del paisanaje, incluyendo los domingos, por eso estas tierras siempre han sido «de pan y vino».