Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega

Pedrosa del Príncipe, Parmo y Vega
Todo lo que debes saber sobre Pedrosa

domingo, 26 de enero de 2014

Capiscol


Una de las cuestiones más peliagudas que se pueden plantear a un residente en Capiscol, es si su barrio forma parte de Gamonal, o si tiene identidad propia; lo de la idiosincrasia de Capiscol, creo que es algo que nadie puede discutir, aunque también resulta evidente que su identidad es más próxima a la de Gamonal que a la del resto de la ciudad.

Hermanado con su barrio espejo por la fealdad de sus construcciones y su elevada densidad demográfica, el descomunal silo agrícola, o la iglesia del Salvador, son dos claros ejemplos de estos dislates. No cabe duda de que históricamente Capiscol ha estado más vinculado al Camino de Santiago que Gamonal, los peregrinos venían siguiendo el curso del río Vena desde Ibeas hasta la ciudad de Burgos, y buena prueba de ello es el viejo Hospital, cuyas tapias y ventanales de sillares bien escuadrados aún son visibles en las traseras del barrio, junto al encauzado río Pico, no lejos del frío polideportivo Mirasierra, que se construyó en los ochenta, cuando el balonmano era un deporte popular en Burgos y los duelos con Aranda echaban chispas.
 
Capiscol es la avanzadilla del parque de Fuentes Blancas, con sus boleras, sus runners, y sus vetustos bares de la calle San Juan de Ortega, donde los jubilados almuerzan bocadillos de bonito con cebolla y anchoas, o arenques al natural, aderezados con un chato de vino peleón o un chico-chica. Un barrio a la sombra de Indupisa, la peletera que se estableció en Capiscol en 1942, y que cerró sus puertas en 2007, una de las primeras víctimas en la capital de la crisis económica que todavía nos atenaza. Capiscol termina donde empieza la tapia de la Ciudad Deportiva Militar o Deportiva, uno de los últimos reductos de los privilegios del ejército en la ciudad, que enajena cuarteles a golpe de talonario, contribuyendo al festín inmobiliario de la Caput Castellae.

A las inmediaciones del silo, acudíamos los hijos de los primeros pobladores del (nuevo) Gamonal a comer la merienda, nos sentábamos en el talud de la vía muerta, rodeados de las escombreras de la vidriera, a donde acudíamos los niños a buscar restos de envases de vidrio de colores: botellas, frascos, ceniceros... Recuerdo que un día apareció por aquella vía muerta una locomotora de verdad, pitando a diestro y siniestro para no llevarse por delante a una generación entera de niños de Gamonal; aquella vía debía llevar al silo, y sólo unos metros más allá se encontraba la vía del tren de verdad, cuyos cables de alta tensión zumbaban cada vez que se acercaba un expreso. El pitido del ferrocarril se oía desde la calle Vitoria. Han cambiado muchas cosas desde entonces, al tren lo han desterrado y hoy es casi una curiosidad arqueológica para turistas; en poco tiempo los que mandan nos han privado del ferrocarril directo Burgos-Madrid, y del Santander-Mediterráneo (si bien este último nunca llegó a comunicar ambos puntos). Por Capiscol ya no pasa el tren.

 
Antiguo Hospital de Peregrinos de Capiscol

viernes, 17 de enero de 2014

Gamonal de Riopico


Mi madre aterrizó en este barrio desde una aldea del valle de Valdeorras, en Orense; la de mi amigo Francisco, desde la comarca de Sanabria, en Zamora, igual que la de Manuel, que procedía de Aliste; las familias de Javier y Gabi procedían de la provincia hermana de Palencia; y la de José Luis, de un pueblo remoto de Salamanca, junto a la frontera con Portugal. Todos nos reunimos hace muchos años en Gamonal, jugando al fútbol en la campa de Casa la Vega, bajando la basura antes de las diez para dejarla junto a la farola, haciendo cola el 17 de enero para recoger en una cazuela los humeantes titos de San Antón, y también en la fuente de piedra junto a la Peña Jóvenes de Gamonal, cuando había restricciones de agua corriente. Cada uno presumíamos de nuestra barriada dentro del conglomerado urbano de Gamonal, los de Juan XXIII, los de San Cristóbal, los de Capiscol, los de la Barriada Inmaculada o los del G-9. Los edificios eran gigantescos bloques de colmenas, algunos con más de cuarenta familias por cada portal, y no tengo apenas recuerdos de columpios o toboganes, pero sí de amplios descampados, de baños en el río Vena, de trozos de cristales rotos protegiendo las tapias bajas, de avisos de bomba en el cole de Las Quemadas, y de colas interminables de vehículos en la calle Vitoria, coincidiendo con las fechas de verano, cuando los vehículos franceses de faros con luces amarillas (en su mayoría emigrantes españoles, marroquíes o portugueses) atravesaban la ciudad por el eje central de Gamonal. Me vinieron a la cabeza esas imágenes del pasado cuando conocí el proyecto del Bulevar de Gamonal: filas de automóviles largas como los días de un parado, y lentas como la recuperación económica de este país.
Momento en que los vecinos impiden el paso de las máquinas, el 10 de enero de 2014

El tiempo nos fue dejando a cada uno en un punto geográfico diferente, unos abandonaron la ciudad por motivos laborales, otros compraron piso en las zonas de expansión de la ciudad (eufemísticamente llamadas alfoz), y yo continué viviendo en Gamonal hasta la fecha, más melting pot que nunca, justo encima de la denominada zona cero, donde observé con incredulidad como las máquinas invadían la calle Vitoria el día 9 de enero. El resto de la película es de sobra conocido, quizá nunca una revuelta vecinal haya tenido tanto impacto sobre la opinión pública, el pueblo quiere ser escuchado, y las algaradas callejeras han servido de caja de resonancia para los vecinos del barrio, que es gente humilde, modesta, poco dada a protagonismos, salvo que la ocasión así lo requiera, como ha ocurrido hoy y ahora. El proyecto del Bulevar no ha sido explicado lo suficiente a los vecinos, que creen que el barrio tiene otras necesidades más allá de estos dispendios: la casa de cultura (municipal) se cae cacho a cacho, no hay dinero para guarderías, no existen aparcamientos libres que cubran las plazas eliminadas, y las viejas casas en ruina del pueblo viejo de Gamonal dan una imagen pésima a los peregrinos que siguen el Camino de Santiago.
¿Y qué pensarán los peregrinos al ver el chiringuito improvisado sobre la marquesina de la zona cero? La iglesia gótica de la Real y Antigua de Gamonal fue sede episcopal antes que la mismísima Catedral de Burgos, que se debía encontrar en obras, allá por el siglo XII, ironías del destino, que ahora tengan lugar aquí las obras, en este pueblón de abultada demografía que fue absorbido por la ciudad de Burgos en 1955, y donde muchos nos preguntamos si de verdad pertenecemos a la capital cuando somos irónicamente deslumbrados por la iluminación navideña, o nos mojamos los calcetines en los charcos permanentes –casi lacustres, con fauna y flora propias- de las aceras correspondientes al Colegio Florentino, los de Gradmontagne, o los del supermercado de San Bruno. La curiosidad me hizo escuchar y ver algunas emisiones de medios de extrema derecha durante los últimos días (me pregunto todavía cómo pueden existir estos intoxicadores en un estado de derecho, que ha sufrido una Dictadura durante cuarenta años), y me indignó que se nos tildara a todo el barrio de «desgarramantas», violentos, extremistas, comunistas… cuando todos esos adjetivos deben aplicarse al Gobierno que no escucha a los ciudadanos y que se cree legitimado para todo por el hecho de disponer de mayoría, es lo que se suele llamar «abuso de poder», y los ciudadanos están (estamos) bastante hastiados de estas situaciones que se han repetido con impunidad, especialmente durante los últimos años de democracia, ésa es precisamente la llama que se ha prendido en Gamonal, la de la indignación, la del hartazgo, la del «basta ya de abusos». No queremos un Bulevar faraónico si no podemos llegar a fin de mes, pero queremos mejorar el barrio y convivir en armonía con todos los vecinos de la ciudad, que se eliminen algunos tópicos estúpidos como el del chándal o la inseguridad, jamás he tenido miedo en esta ciudad de la que me siento orgulloso y que siempre he llevado por bandera, al igual que mis amigos salmantinos, alistanos, sanabreses o palentinos, somos de Gamonal y de Burgos, y nadie nos hará renegar de nuestras raíces, ni medios de comunicación ni políticos miopes.
 

 

jueves, 16 de enero de 2014

Nuevos expolios en la comarca Arlanza


A día de hoy todavía nos parecen escandalosos los expolios eclesiásticos por el valor simbólico que estos conllevan. Hemos visto a los vecinos de un pequeño concejo burgalés en pie de guerra por la desubicación del retablo de su parroquia, o a los eruditos escandalizados ante la aparición de un presumible claustro románico en la mansión de un catalán adinerado; pero en lo que nadie se fija es en los pequeños expolios que tienen lugar a diario en ermitas abandonadas o sin uso, debido a la irremediable despoblación del agro castellano.
Cuando publiqué mi libro «Arlanza Mágica» en 2011 -una pequeña guía de la comarca del Arlanza y sus costumbres-  me refería a la ermita de Torrecilla como el último vestigio del despoblado de los Borbollones, un lugar cercano a Tordueles, aunque perteneciente a Castrillo Solarana, que los mayores conocen por su desvencijado molino y unas curiosas surgencias de agua junto a un cuérnago del río Arlanza. Mi sorpresa fue mayúscula cuando recientemente comprobé en el blog «Iberia Mítica» http://iberiamiticaymagica.blogspot.com.es  el expolio sin contemplaciones al que había sido sometida la modesta portada de la ermita, perpetrado sin duda por algún lugareño que le había echado el ojo para la puerta de su casa o de su bodega, que para qué nos vamos a molestar en tallar la piedra si alguien ya lo hizo por nosotros en el siglo XV o XVI. Y no vea usted cómo va a fardar el fulano delante de sus amistades. Las fotos resultan bastante ilustrativas:




Creo que sobran comentarios, y que la Iglesia o el Estado deberían tomar urgentemente cartas en el asunto, buscando y denunciando a los responsables de estas fechorías, para evitar que los delincuentes contra el Patrimonio campen a sus anchas por estos lares.
Es de alabar el interés que expresó Diario de Burgos para hacerse eco de este expolio, y anunciarlo en su primera página a finales de 2013, aquí se encuentra el enlace: http://www.diariodeburgos.es/noticia/Z112A01FF-B88F-6852-9D35D53910CF7A2C/20131108/expolian/portico/ventanas/ermita/castrillo/solarana
Chapeau para el periodista Francisco Trespaderne.